“Y, al igual que ocurre con nuestras vidas, la mayor parte de las veces es por otros por quienes nos enteramos del significado de la ciudad en la que vivimos.”— Orhan Pamuk
“Milano è una città che usiamo molto ma vediamo poco.” (Milán es una ciudad que usamos mucho y vemos poco).
— Severgnini Beppe
“Milano: ha i muri sporchi e le strade intasate, ma vale la pena.” (Milán: tiene las paredes sucias y las calles abarrotadas, pero vale la pena).
— Severgnini Beppe
***
La ciudad que adopté ocupa el lugar número 41 en el ranking de las ciudades que ofrecen mejor calidad de vida, este es un estudio realizado anualmente por Mercer, una firma de consultoría que se ocupa de hacer este tipo de cosas.
El primer lugar lo ocupa Zurich, el último es para Bagdad. Querétaro no ocupa ninguno, no forma parte del estudio.
El estudio usa como ciudad “base” para las mediciones la ciudad de Nueva York, que tiene un puntaje fijo de 100.
Con 100.8 puntos, Milán supera a Nueva York -8 décimas- y se ubica sobre ciudades como Barcelona y Madrid; esto nadie se lo esperaba y el asunto se pone sospechoso, porque como Milán va a ser sede de la Expo 2015, pronto nos veremos en la posición de no decir mierdas sobre Milán, sino que aquí todo va a ser más y mejor – eso esperamos todos los que vivimos aquí-.
Los que habitamos bajo la sombra de la Madonnina estamos siempre descontentos.
A mí me contraria que los tranvías y autobuses sean cada vez más largos y pasen cada vez menos, que el metro sea tan feo (es muy feo, sobre todo la línea verde) e inseguro. Hablando de la fealdad, se puede decir que el de Roma es todavía más feo, pero yo no vivo ahí, así que el feo es este. También es muy fastidioso el ambiente de falta de respeto total que hay en los interiores del transporte público; la señora milanesa que le grita a la moldava que deje de hablar y apague el celular porque no entiende lo que dice…
No me parece que la moldava deba apagar el celular, dejar la conversación para más tarde y encerrarse en un cubículo insonorizado, no sé como sea en Moldavia, pero estoy segura que esta “povera crista”* aprendió el uso indiscriminado del celular en cualquier lugar y a cualquier hora para ventilar sus asuntos íntimos, justo aquí, de la población indígena.
Otro caso frecuente de falta de respeto generalizada es este: una italiana con cochecito y niño dentro y otra italiana sin cochecito y sin niño, que se están gritando de una esquina a otra porque la del cochecito le paso las ruedas encima a la otra. Yo clavadísima en un libro, siempre, o viendo para afuera, bajándome en la próxima parada porque esas situaciones me parecen muy difíciles de asimilar y me estresan innecesariamente. En los conflictos suelo evadirme o huir, mi mamá dice que es una cosa muy masculina y muy disgustosa de mi parte, lo saqué de mi papá, como todo lo que no me funciona, según mi progenitora.
También me molesta la cantidad irracional de autos. Mis suegros son 2 y tienen uno cada quien, nosotros también somos 2 y tenemos uno que usamos sólo los sábados para ir al supermercado. Cuando llegué aquí, debo confesar que mi dependencia al automóvil era peor que la de un cocainómano con su sustancia. Por mi auto abandonado del otro lado del mundo derramaba lágrimas de nostalgia. Lágrimas reales, en serio. Lloré un año entero porque había renunciado a mi auto. No sé si sea justificación que al menos yo el auto lo usaba a conciencia, recorría diariamente casi 200 kilómetros y no hacía como Panchita que vive a escasos 400 metros del trabajo y llega en auto. Algo que hago con muchísimo gusto es conducir un auto, en todas partes, menos en Italia -aún después de haber conseguido con mucho éxito y mucha tenacidad la licencia para manejar (patente de guida), manejo como los ángeles ; ) -.
Una consecuencia directa de la abundancia de automóviles, es la escasez de estacionamiento. Aquí hay banquetas muy anchas, calles hechas como mandaba Haussmann en París: arroyo vial por donde circulan los coches, barrera vegetal para proteger al peatón y finalmente, una abundante banqueta, para entero disfrute de los de a pie. En Milán, más del 75% de la banqueta es utilizado como estacionamiento, por lo que el individuo a pie se tiene que conformar con 1 metro de banqueta para circular. Lo que hay entre auto y auto, generalmente, no es agradable: pañales de bebé, excrementos humanos, restos de algún atraco, por mencionar algunas cosas.
Como ciclista, todas las ciclopistas de Milán no llevan a ninguna parte, el ciclista se ve forzado a usar la banqueta para salvar el pellejo, la usan también los tipos en “scooter” -motoneta- para evadir el tráfico, que es aún peor. ¿Se imaginan como es esto, andar entre bicicletas, motonetas, gritos de la sciura Maria*, coches y porquería?. Bueno, esperemos que con la Expo del 2015 esto desaparezca -pobres ilusos, pero sin ilusión ¿qué es de una?-
Milán es también una ciudad donde abundan los edificios desocupados, “lugares grises”, lienzos para “writers” -así llaman aquí a los grafiteros-, restos de la construcción irracional e injustificada.
Están las 2 soberbias -y posmodernas hasta la náusea- torres Garibaldi, son horribles, aunque hay quien les tiene afecto, le gustan y hasta organizaría una manifestación en su defensa si a alguien se le ocurriera destruirlas. Según yo, las torres Garibaldi, que son del ente ferroviario de este país, están ocupadas sólo en el tercero y en el último piso, el resto de ambos edificios está desierto. En el tercero se ubican las secretarias y burócratas varios sin distinción alguna, en el último, los burócratas distinguidos: jefes y patrones que seguramente nunca están.
Es verdaderamente ridículo y desconcertante que los organizadores de la Expo 2015 hayan decidido construir rascacielos para “mejorar” Milán cuando no pueden llenar ni siquiera uno de los existentes. Van a salir, como hongos venenosos en los parques, numerosos rascacielos por todas partes -desde la ventana de donde escribo vamos a tener el honor de admirar uno, que se va a ubicar a pocas calles, espero que al menos hayan considerado un estacionamiento generoso-. Nunca me han gustado los rascacielos, los admiro sí, por el desafío de ingeniería que representan, pero son inhumanos, fuera de escala, consumidores feroces; por mucho sistema de seguridad anti-incendios, anti-sismo y anti-terrorismo, es absurdo que en un edificio de más de 30 pisos existan “escaleras de emergencia” o “puntos de reunión” que más bien son callejones sin salida. El tema de la Expo del 2015 versa sobre “La protección medioambiental, el desarrollo sostenible, la seguridad alimentaria y la energías renovables”, no veo como la construcción indiscriminada de rascacielos vaya de acuerdo con el asunto.
Aún así, Milán ocupa el lugar no. 41 del ranking de las ciudades que ofrecen mejor calidad de vida.
Y ustedes, ¿qué piensan de sus ciudades?.
*Povero(a) cristo(a): literalmente “Pobre cristo(a)”, palabras de uso común para designar a cualquiera que sigue un calvario. A veces atravesar una calle o conseguir contestar una llamada telefónica puede ser un calvario.
*Sciura Maria: sciura (shiura)= señora, en milanés. La “sciura Maria” designa y encarna a todas las señoras milanesas amas de casa, fervientes admiradoras de los programas de venta en tv o del show de Maurizio Costanzo (sic).